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dijous 9 de febrer de 2012

Juan Carlos I entre separatistas

Su Majestad ('su' porque no es la mía),

Me gusta el fútbol, aunque me prometí ignorarlo por completo cuando inicié este blog: amenazaría el rigor y coherencia que pretendo ofrecer. Lo he mencionado, sencillamente, para asegurarme de que sigue usted leyendo. Si hubiera empezado narrándole angustiosas historias sobre desahucios (cuarenta de media diaria en Madrid), con familias enteras que pierden el hogar y la esperanza, o despidos, con más de un 20% de la población activa española en la calle (siempre me he preguntado si usted figura como parado), hubiese roto la carta de inmediato. Ya sea por la superioridad manifiesta de ser el único español -italiano, en realidad- capaz de nacer en la familia monárquicamente precisa (¡menudo mérito!), por el aislamiento de la realidad que produce la Zarzuela o por la poca empatía de la sociedad actual -y más entre sus altas esferas-, el caso es que no le importa lo que acaezca entre la plebe.

Recuerde esta imagen, entre senyeres e ikurriñas, porque la revivirá
en la final de la Copa del Rey que enfrentará a Athletic y Barcelona.

Y es por eso que he empezado con el fútbol. Me ha parecido el único punto remoto de contacto entre su excelencia y mi nimia existencia. Pero hay otro argumento: es gracias al fútbol que en mayo repetiremos una situación que, si no fuese porque se produjo hace tres años, me parecería extraordinaria. Se celebrará la final de la Copa de Usted, que contará -si no padece ninguna sospechosa e inesperada enfermedad eventual- con su presencia en el palco.

Sofía: "Juanca, saluda". "¡Pero si me están pitando, Sofía!".
"¡No es a ti, hombre, es a los independentistas o a Iñaki!"
Los jugadores saldrán al terreno de juego, formarán con los onces titulares y la gente se levantará a su alrededor. Con cierto retraso, se percatará del movimiento en el palco y concluirá que también le corresponde levantarse. Entonces la megafonía del estadio emitirá los primeros acordes del himno de su nación. Pese al exceso de decibelios -no olvide llevarse unos tapones para proteger los oídos, porque lo pondrán a tope-, descubrirá cómo el silbido del viento consigue anular la Marcha Real, ante su propia estupefacción y la de algún par de despistados más -que los habrá, no se preocupe-. Si echa un vistazo al público -a la gente normal, como les llaman sus Majestades-, comprobará la mala educación de los vascos y los catalanes, con los dedos en la boca como si se limpiaran los dientes. Mientras, los primeros ondearán la urdangariña -¡ahí va la hostia! (primera bromita tópica); la ikurriña- y los segundos, la bandera nacional, aunque "¡Sofía! ¡Tiene más barras que la nuestra! ¿Te has fijado?", mientras escudriñan el suelo en busca de monedas (y segunda bromita tópica).

Total, su Majestad: no oirá el himno ni de coña y le dedicarán más pitos que a Iñaki cuando sea juzgado (aunque si fuera por Telefónica, que le renueva el contrato 5 años más a razón de 1,4 millones de euros anuales, aún le aplaudirían). En casa, según la cadena que emita el partido, no gozaremos del himno polifónico, como ocurrió en TVE -financiada entre todos, por cierto-; usted, sí.


Pero, ¿por qué los asistentes, a excepción de un reducido grupo de monárquicos, le silbarán?
  1. Por suceder en la Jefatura de Estado al general Franco y haberse mostrado incapaz, una vez restaurada la apariencia -y sólo la apariencia, por desgracia- democrática de España, de volver al último sistema legítimo, la República. Ya hablamos de ello en este discurso alternativo, así que no insistiremos más. Por este motivo protestarán los republicanos o aquellos que, sencillamente, exigen justicia histórica.
  2. Por, una vez probada su nula intención de restaurar la legitimidad, representar la democracia con ciertas sombras a pesar de las loanzas que le dedican los "grandes entendidos" en historia contemporánea. El cable publicado por Der Spiegel, donde un informe del embajador alemán en España en 1981 revela su "comprensión, cuando no simpatía" con el golpe del 23-F, justifica los abucheos de los amantes de la democracia.
  3. Por vivir como un Rey -bueno, sí, claro-: sin dar un palo al agua. Somos muchos los que pensamos que viajar por todo el mundo y ofrecer recepciones no es lo que llamaríamos un trabajo sacrificado. Aquí silbarán los contribuyentes y, en especial, los parados.
  4. Por, pese a que pagamos su lujo entre todos, negarse a declarar auténticamente cuánto nos cuesta su chollo. Nos dijeron que alrededor de los 7 millones, pero ése es sólo el presupuesto de la casa Real. Hay un montón de partidas  a cargo del Ministerio de Presidencia, del de Interior, del de Defensa, etc. que no se computan. Los ciudadanos honrados, aquellos que declaran céntimo a céntimo su renta, no dudarán en pitar.
  5. Por, además de todo lo que le corresponde a su familia por ley, tener la indecencia de robar (presuntamente, por supuesto). Me refiero a su yerno Iñaki Urdangarín, imputado ahora en un caso de corrupción. Los ciudadanos honrados acumularán más razones para la indignación.
  6. Por tener la desvergüenza de asegurar en Navidad que "Todos somos iguales ante la ley", comprobándose después cómo su hija Cristina ha desaparecido de los papeles por los que se imputó a su marido. Como aseguraba el magistrado José Ramón Soriano, la Infanta debería estar por lo menos citada en el caso. En este punto, a los ciudadanos honrados se les unirán los que ejercen la corrupción, dado que, si algún día los pillan, nadie les ahorrará el juicio.
  7. Por ser la máxima autoridad del Estado Español, que impide la plena convivencia de las distintas naciones asentadas en su territorio. Cuando una persona es maltratada económicamente, culturalmente, lingüísticamente e incluso por razón de identidad, es natural que se sienta incómoda y prefiera marcharse. La pitada mayoritaria llegará en boca de los separatistas, variante española de los independentistas.
Es curioso, porque la Copa del Rey la juegan equipos españoles y, como apuntaba un twit que leí ayer, no la ganará ninguno de ellos. Es, por supuesto, una forma de decirlo, porque hasta el momento Barcelona y Bilbao pertenecen a España, pero tal vez no por mucho tiempo. En Euskal Herria tienen el proceso secesionista bastante avanzado, pues la izquierda abertzale apunta a la victoria en las autonómicas de 2013 y el PNB, para no perder fuelle, deberá hacer una apuesta electoral más cercana a la independencia. Si los abertzales consiguen mayoría en el Parlamento Vasco, el Estado Español ya puede tirar la toalla. Por lo que se refiere a Catalunya, la situación es más delicada: en este caso, es parte de la sociedad civil quien tira del carro, primero con las consultas soberanistas -anticonstitucionales, por supuesto- y ahora con la Assemblea Nacional Catalana, que va directa hacia al Estado propio. Contamos, además, con partidos independentistas que, a poco que hagan las cosas bien, conseguirán aumentar su electorado. El camino será más lento, pero confío que llegue igualmente a buen puerto.

En resumen, su Majestad, no disfrutará de su propia Copa. Gane quien gane, la entregará a un equipo cuya nación se encuentra con medio pie fuera del Estado. Y eso es desagradable. ¿Cómo va a usted a conceder el trofeo a un club cuyos aficionados reniegan de la unicidad y la grandeza de España? Además, debe tener en cuenta el tema de los silbidos. Si ha leído los argumentos atentamente, concluirá que, por una cosa o por otra, la mayoría de asistentes tienen razones para rechazar su presencia. Pasará un mal rato, don Juan Carlos. Le recomiendo que intente escabullirse. Podría simular que ha enfermado, por ejemplo, aunque cantaría un poco. Otra opción sería abdicar y pasarle el marrón a Felipe, que vive muy bien sin los ajetreos de Rey. Si lo ve muy jodido, incluso podría prohibir el partido, pero sólo generaría más separatismo, por lo que a la larga saldría perdiendo.

Todo sea por escapar de esta imagen reveladora.

Su mejor decisión sería, sin lugar a dudas, convocar sendos referéndums sobre la independencia en Euskal Herria y Catalunya. Eludiríamos la ardua tarea de enfrentarse jurídicamente con el Estado español para conseguir una secesión reconocida en las cartas internacionales -por lo que tarde o temprano deberán ceder- y, a cambio, usted se ahorraría el mal trance de entregar un trofeo a quienes no acaban de sentir España como suya. Tenga por seguro que renunciaríamos a la Copa del Rey con tal de obtener la libertad de nuestros pueblos. El fútbol no lo es todo. Y, tratándose de libertad y esperanza para nuestro futuro, todavía menos.


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4 comentaris:

  1. Felicitats per la crònica! Molt bona i amb un humor molt afilat

    (un que EVIDENTMENT xiularà al rei (i a l'himne))

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  2. Genial articulo! Agurrak euskal herritik!

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  3. Quines ganes de veure la xiulada..! Independència!!

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  4. jeje!! Molt bo noi. Tots a xiular l'himne!
    http://vaderiure.blogspot.com/2012/02/gerontocracia-socialista.html

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